Frecuencia Zero FM hace sueño realidad
     

BUENOS AIRES, Argentina — En medio de la peor crisis económica y social de su historia, la Argentina de diciembre de 2001 se asemejaba a un enorme cementerio de sueños y proyectos. De ambos, apenas lograban sobrevivir los más locos o los más necesarios, y en especial aquellos que combinaban un poco de cada ingrediente.

Por Jorge J. Basilago

Imaginar la construcción colectiva de una radio y soñar con una audiencia, mientras el país entero se desmoronaba, reunía la proporción exacta de locura y necesidad para ese momento y aquél lugar. Y eso, ni más ni menos, hizo un grupo de jóvenes inquietos entre tantos otros: mezclar todos los elementos en el molde de su voluntad de preguntar, comunicar y cambiar el mundo.

Parte del equipo de Frecuencia Zero en la sede de la emisora. Segundo desde la izquierda, Javier Daruich. En el centro, bajo el indicador de 'Aire', el director Hernán Daicich
El resultado se llama Frecuencia Zero (92.5 MHz) y acaba de cumplir 10 años.

“La novedad era cada día”, cuenta hoy Hernán Daicich, el director de la radio, sobre los primeros pasos del proyecto en el barrio de Mataderos. Las imágenes de diciembre de 2001 se le antojan ahora como una película de acción, que no tuvo nada de ficticia y los puso — como a todos los argentinos — en la obligación de asumir un papel heroico para evitar el naufragio. Todo amenazaba caerse y, para Frecuencia Zero, cada mañana el desafío principal era alcanzar la noche todavía en el aire.

Daicich recuerda que el primer transmisor que tuvieron estaba quemado. Resultaba más económico comprarlo en esas condiciones y repararlo que soñar con uno nuevo: en unas pocas semanas la crisis había triplicado el valor del dólar frente a la moneda local, haciendo inalcanzable una gran cantidad de productos y servicios.

El hecho de iniciar sus transmisiones sin licencia oficial y contar con una cobertura de apenas 15 ó 20 cuadras a la redonda tampoco los detuvo. Muy por el contrario, las carencias estimularon la creatividad y las inquietudes del grupo para responder a una realidad en permanente movimiento y agitación. “Queríamos estar en todos lados”, dijo Daicich. “Nos empujaba la inconciencia, la juventud, las ganas de hacer en tierra arrasada”.

Producciones y premios de la emisora

La radio transmite actualmente 24 horas diarias, 15 de ellas en vivo, y difunde 25 programas a la semana.

De ellos, seis son producciones propias, 15 son realizaciones de productores independientes y sólo cuatro son enlatados.

Varios de estos espacios obtuvieron reconocimientos por su labor: entre otros, ‘Sector S’ (producido y conducido por Lucila Grunauer) obtuvo el premio ‘Gota en el Mar’ al Periodismo Solidario 2011; y ‘Paren las rotativas’ (conducido por Edgardo Auciello) recibió el premio ‘Estímulo a la Radio’ 2010, otorgado por la Secretaría de Comunicación Social del Gobierno de la Ciudad Autónoma de Buenos Aires.
Tanto en lo técnico como en lo artístico y lo comercial, la originalidad y la ruptura de esquemas eran menos una decisión meditada que un recurso de emergencia. Pero de aquellas excepciones llegó más tarde la regla: “Frecuencia Zero, la rompe”, reza el actual eslogan de la radio. Incluso a nivel operativo, las fronteras entre las distintas áreas fueron desde el comienzo sólo incentivos para que la voluntad colectiva avanzara un poco más allá.

Perfil de audiencia de Frecuencia Zero

Necesariamente, el perfil moldeado por la emisora de Mataderos en sus 10 años de trayectoria es compartido también por la audiencia. Según Daicich, los seguidores de la radio son en su mayoría jóvenes “más allá de lo que digan sus documentos”. El gusto por la música fuerte, las preguntas incómodas y las respuestas a veces dolorosas son algunos componentes esenciales del público que supo ganarse Frecuencia Zero.
“Muchos nos multiplicamos en distintas tareas”, dijo Daicich. Lo cual no es poco decir, ya que entre el personal estable, las producciones propias y las independientes, son más de 100 personas las que aportan su ingenio al proyecto común. “Cada quien fue encontrando su espacio pero no deja de colaborar en otro que pueda necesitar fortalecerse”, dijo el director.

Quizás por su afán de compartir todos los espacios y responsabilidades, el grupo eligió organizarse internamente en forma de cooperativa. Ese primer paso se vio recompensado, en 2006, con la legalización definitiva de Frecuencia Zero: tras la reforma del artículo 45 en la antigua Ley N°22.285, los cooperativistas fueron habilitados para obtener licencias de radiodifusión que refrendaran, con sello oficial, la legitimidad social que sus medios ya poseían.

Así pasaron de esconderse de las autoridades a discutir con ellas las comunicaciones del país. En esa nueva faceta, como integrante del Foro Argentino de Radios Comunitarias (FARCO), la emisora formó parte del proceso político que concluyó en 2009 con el dictado de la nueva Ley de Servicios de Comunicación Audiovisual N°26.522.

En ese lapso se sucedieron además varias mudanzas — Frecuencia Zero cambió de sede en tres ocasiones, aunque permaneció en la misma zona —, cada una con su carga de “nuevo comienzo” a cuestas. Renovados inicios que sirvieron para continuar y fortalecer la senda original: aquella que apuesta a los contenidos propios y a las producciones independientes con una filosofía comunicacional afín. La que elude los programas enlatados salvo casos bastante excepcionales.

Importante inversión técnica

Poco tiempo atrás, Frecuencia Zero realizó una importante inversión en el área técnica. “Destinamos aproximadamente US$50.000 a la compra de un nuevo transmisor, un procesador de audio, un códec IP y software de automatización, además de equipamiento informático para áreas específicas”, dijo Daicich.

A partir de entonces, la radio utiliza una antena Kriper 81810 con ocho dipolos de polarización circular; un transmisor Elenos ET5000; un procesador de audio Omnia One FM; dos consolas DBD (una Air One en el estudio principal y una S300 en el secundario); dos híbridos telefónicos (Telos Hx2 y DBA STH7300 respectivamente); una compactera SKP DMP-8006; cuatro micrófonos Samson C05 y un Shure SM57 en el estudio principal; un micrófono AV-JEFE STM-10 en el estudio secundario y dos códecs Tieline Commander G3 para transmisiones desde exteriores.

Además, poseen siete PCs genéricas que se utilizan para tareas de producción, salida al aire y como servidor. “Para la puesta al aire contamos con dos licencias DINESAT 7, que en breve actualizaremos a DINESAT 9”, dijo Javier Daruich, responsable del área técnica de la emisora, además de ser el Webmaster y tesorero. “Para el pautado de las tandas publicitarias contamos con una licencia Trafficsat Std.”.
También la que acompaña al movimiento de empresas recuperadas por sus trabajadores y organiza conciertos de rock y festivales de cine. En definitiva, la que ubica como centro de sus preocupaciones al ser humano, aún cuando se esmera en mejorar sus equipos y recursos técnicos. Para el entrevistado, estas herramientas resultan valiosas sólo cuando están “al servicio del hombre”. La renovación tecnológica es una posibilidad cierta aunque desigual, desde su perspectiva, de inserción en el mercado de las comunicaciones. Por eso sostiene que la clave son los contenidos y lo que hace la diferencia es la lectura entre líneas.

“Nunca imaginé que se podía hacer tanto con tan poco”, dijo Daicich, como resumen del esforzado crecimiento de la radio. A pesar de las carencias económicas, aquella emisora que en 2001 le hablaba tan sólo a los vecinos de su barrio hoy cubre más de dos tercios de la Ciudad de Buenos Aires y un amplio sector del sudoeste del Conurbano: su audiencia potencial son 3,5 millones de personas. Una clara muestra de superación que no es, en modo alguno, la única.

Porque la cobertura no significaría nada sin un mensaje claro y una línea editorial definida. O si los hombres y mujeres que aportan su trabajo y creatividad al proyecto no viesen recompensado el esfuerzo. De allí su lucha — compartida con FARCO y otras organizaciones — por una distribución equitativa de la pauta publicitaria, que contemple a los medios sin fines de lucro y contribuya a fortalecer y diversificar sus producciones. Pero, sobre todo, que permita a los comunicadores populares vivir de su actividad.

Ese fue, en cierto modo, el principal festejo de Frecuencia Zero al cumplir sus primeros 10 años: persistir en las convicciones políticas, sociales y comunicacionales que le ayudaron a transitarlos. Y profundizarlas en 2012 con la incorporación de distintas minorías y de nuevos profesionales que aporten otras miradas y saberes a los programas.

“Las radios son empresas sociales: ya hicimos inversiones técnicas para estar a la altura de los acontecimientos, ahora necesitamos sumar personas que crean en lo que venimos haciendo”, dijo Daicich.

Jorge J. Basilago es periodista gráfico y radial independiente
que cubre el acontecer mediático y cultural desde Buenos Aires, Argentina.


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