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Radios chilenas aprenden lecciones del terremoto

Se firma acuerdo para implementar sistema de emergencia; no se consideran a las radios comunitarias
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SANTIAGO DE CHILE — Dada su particular geografía con más de 4.000 kilómetros de largo, y considerado uno de los países más sísmicos del mundo, Chile requiere un sistema radial que pueda unir de buena manera a su población en tiempos de crisis.

Por Sebastián Andrade Daigre

Tras el devastador terremoto y posterior maremoto del 27 de febrero del año pasado, definitivamente Chile y su gente no son lo mismo.

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El locutor Pablo Aguilera reivindica el insustituible papel de la radio, en todo momento, y más aún en situaciones de emergencia.

Además de la evidente destrucción de casas, hospitales y escuelas en la zona centro-sur del país, se hizo evidente la necesidad de mejorar las comunicaciones, en particular cuando la gente más lo necesita.

Todavía están frescos los recuerdos de miles de chilenos que realizaron vanos esfuerzos por comunicarse con familiares y seres queridos después de los interminables 2 minutos y 45 segundos que duró el sismo. De inmediato, sin luz eléctrica y quedando toda una noche por sortear, la gente intentó — con distinta suerte — sintonizar alguna radioemisora para conocer la magnitud de la catástrofe. Los teléfonos celulares habían quedado prácticamente inutilizados desde el mismo momento del megasismo de 8,8 grados en la escala de Richter.

De igual modo, la amarga experiencia de ver a las máximas autoridades del país totalmente descoordinadas, sin capacidad de reacción y, por lo mismo, ineficaces al momento de entregar oportunas alertas de evacuación, develó la fragilidad del sistema de comunicaciones de todo el país. Los únicos y confiables aliados fueron la radio y los teléfonos de red fija que permitieron conocer las primeras informaciones a través de contactos telefónicos con personas que daban sus testimonios.

Una de las voces que tuvo el papel de llamar a la calma esa aciaga noche fue la del experimentado locutor de Radio Pudahuel, Pablo Aguilera. De manera rauda y sin pensarlo dos veces, apenas terminado el movimiento telúrico, tomó su vehículo y llegó hasta las dependencias de la emisora.

"Recuerdo cientos de llamados que entraron a la radio durante toda la madrugada y que nos pedían que les contáramos el estado de la situación, pues los celulares apenas funcionaban y la información oficial era confusa y contradictoria", dijo Aguilera.

El fundamental rol que ha jugado la radio en ésta y otras catástrofes que han azotado a Chile es percibido positivamente por la opinión pública. Tras el terremoto, la gente fue consultada por el Consejo Nacional de Televisión de Chile (CNTV) que realizó el estudio "Cobertura Televisiva del Terremoto".

En este estudio, el juicio de los encuestados de las zonas más afectadas fue categórico: La radio fue percibida como "un medio más flexible, menos centralizado y más cercano a las personas en un marco de crisis".

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El presidente de ARCHI destaca el trabajo mancomunado con las autoridades para enfrentar emergencias y también en la labor preventiva.

Mientras la televisión alcanzó un 70 por ciento de valoración y los periódicos un 67 por ciento, la radio se alzó con un 89 por ciento de respaldo ciudadano, según el estudio de la CNTV. La radio resaltó como un medio capaz de establecer una fluida comunicación entre los familiares que, desesperadamente, ansiaban información de calidad.

Esta valoración en tiempos de crisis fue refrendada por las máximas autoridades locales. A través de la Oficina Nacional de Emergencias del Ministerio del Interior (ONEMI), las autoridades firmaron un acuerdo, en octubre de 2010, con la Asociación de Radiodifusores de Chile (ARCHI) para transmitir campañas preventivas y entregar información en caso de emergencias.

Según el acuerdo, los celulares que se encuentren conectados al momento de una situación crítica recibirán un mensaje de 100 caracteres con información de la situación de emergencia.

Luis Pardo, presidente de la ARCHI, piensa que este acuerdo es muy importante. "Se relaciona con una serie de ámbitos de colaboración mutua, que se inicia con la capacitación de comunicadores y locutores radiales, para trabajar de manera mancomunada en la administración de una emergencia y también en su prevención", dijo Pardo.

En la misma senda, en mayo de 2010 la ONEMI firmó un acuerdo de colaboración con Radio Club de Chile y la Federación de Radio Aficionados de Chile (FEDERACHI). El objetivo es implementar un Sistema Nacional de Telecomunicaciones de Emergencia que funcione como una red de apoyo en casos críticos. El convenio estipula que ambas instituciones designarán a un radioaficionado en cada una de las 15 regiones del país para que los represente ante el Comité de Operaciones de Emergencias Regionales (COE REGIONAL). Se encargarán también de proveer de estaciones fijas y móviles en todo el país.

Sin embargo, Alberto Cancino, presidente de la Asociación Nacional de Radios Comunitarias y Ciudadanas de Chile (ANARCICH), manifiesta su descontento. Cancino asegura que a ellos las autoridades no los han considerado para realizar campañas de este tipo, pese al importante rol comunicador que juegan las emisoras comunitarias durante las catástrofes.

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Lamenta el presidente de ANARCICH que las autoridades no consideren a las radios comunitarias en futuras campañas preventivas.

"Incluso, las máximas autoridades de la ONEMI fueron a Japón para aprender de ellos, y allá se dieron cuenta que las radios comunitarias juegan un rol preponderante en las horas más difíciles y son altamente consideradas para alcanzar acuerdos y alianzas", dijo Cancino. "Pero a nosotros no nos han recibido".

Precisamente, al momento del terremoto las radios comunitarias operaban amparadas en una subcategoría dentro de la Ley General de Telecomunicaciones, llamada de Radiodifusión de Mínima cobertura, que databa de 1994.

Esta normativa limitaba su potencial a 1 Watt y a funcionar con una antena de 6 metros de altura, lo que obligó a la gente de las zonas afectadas a tener que acercarse hasta las mismas dependencias de las radios para poder oír sus transmisiones. Esta situación obligó a que se aprendieran importantes enseñanzas, las que se plasmaron en un nuevo cuerpo legal que se venía trabajando hace varios años.

La nueva normativa, promulgada en mayo de 2010, pero que aún no entra en vigencia, aumenta la potencia de 1 a 25 Watts, permite menciones comerciales correspondientes al área de servicio, reconoce el carácter social de quien detenta la concesión, reserva una pequeña porción del espectro FM y aumenta la duración de concesión, de tres a 10 años.

Según Sebastián Feliú, director general de la radio comunitaria El Encuentro, estas condiciones podrían ser mejores, como lo referido a los 25 Watts, pero que, sin embargo, se trata de un cuerpo legal mucho mejor que el que había antes. "Se han dado importantes pasos y, ciertamente, estamos en un escenario mucho mejor que antaño, cuando la ley no nos reconocía el estatus que hoy tenemos", dijo Feliú.

Estos convenios y nuevos cuerpos legislativos, si bien puede que sean respuestas tardías y no del todo completas, suponen un mejoramiento en las condiciones para quienes trabajan en la radio y también para los oyentes de todo Chile.

El locutor Pablo Aguilera, que ha seguido atento el trabajo hecho por las radios tras la catástrofe, piensa que la mejor manera de enfrentar futuras desgracias, "que inevitablemente vendrán", es asegurarse de contar con efectivas formas de comunicación en tiempos difíciles. "Bienvenidos sean todos los acuerdos y convenios que se firmen", dijo.

Al parecer, la dura lección del 27F, como le llaman, ha sido bien aprendida.

-- Sebastián Andrade Daigre envía informes sobre la industria desde Santiago de Chile.

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