'Guayaradio' indaga en la radiofonía

La obra combina elementos reales y ficticios para desnudar la historia de la radio guayaquileña con gran agilidad, algo de humor y una buena dosis de ácida crítica.
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Nacido en Bogotá, Colombia, y radicado en Guayaquil, Ecuador, Gustavo Gaitán Thornee ha sido un hombre de medios desde su adolescencia. Se formó como cineasta, pero se desarrolló profesionalmente como periodista y ejecutivo en radio, TV y medios gráficos. También se proyectó como consultor empresarial y político, actividad en la que montó la Corporación Gaitán.

Fruto de su experiencia y pasión por la radiofonía, a principios de junio Gaitán presentó su primera novela: Guayaradio. La obra combina elementos reales y ficticios para desnudar la historia de la radio guayaquileña con gran agilidad, algo de humor y una buena dosis de ácida crítica. Jorge J. Basilago conversó con Gaitán respecto de esta obra y de la actualidad del medio en el Ecuador.

Radio World: ¿Su labor como instructor radiofónico tuvo relación con la gestación de Guayaradio?
Gustavo Gaitán Thornee:
Sí, apuntas a lo correcto. A uno, como maestro, lo incita la crítica, el ánimo de corregir. Pero el hecho de hacer la novela también produjo una reacción que yo no me esperaba: cuando la gente supo que yo estaba escribiéndola comenzó a suministrarme mucha información, pero en el ciento por ciento de los casos no quería ser identificada. Y quizás a mí no me parecía tan grave lo que me habían contado. Ahí detecté una atmósfera muy particular, donde la gente no se atrevía a contar lo que ocurre dentro de las emisoras.

RW: ¿El manejo radial en Guayaquil se diferencia mucho de otras ciudades?
Gaitán:
En Ecuador he asesorado a varios diarios, fui gerente de marketing de Teleamazonas (NdeR: Uno de los canales de TV nacionales) cuatro años y conozco cómo funcionan los medios. Pero las radios son pequeñas empresas donde se percibe mucho abuso de los dueños, que muchas veces no pagan las cargas laborales a pesar de las leyes que lo exigen.

Eso en el caso de los que pagan sueldos, porque generalmente aquí se paga con cupos que uno tiene que revender; entonces el periodista de radio es una persona muy mal remunerada y sin estabilidad.

Digamos que yo en un comienzo no lo detecté mucho, pero cuando vi que de pronto aparecían reporteros que vendían las noticias, y que otras radios las retransmitían, eso me alarmó y me impactó muchísimo. A tal punto que empecé a comentarlo en mis cursos: ahí me surgió la idea de hacer una novela y empecé a crear los personajes.

RW: ¿Las organizaciones de medios no hacen nada para corregir esa situación?
Gaitán:
En la novela se ve que el periodista está desguarnecido, y más si es de radio. Los miembros de AER (NdeR: Asociación Ecuatoriana de Radiodifusores), los dueños de las radios, se reúnen para hablar de sus propios problemas, no los de los periodistas. Alguna vez les comenté este tema a cinco o seis radiodifusores y me encontré con respuestas como "Ay, descubriste que el agua moja".

O sea, para ellos es una situación normal, así es la realidad y punto. Entonces ellos tienen mucha responsabilidad en la crisis que vive la radio, que si bien es cierto se ve en otros países, aquí llega a niveles preocupantes. Sobre todo en Guayaquil.

RW: ¿Cuánto tiempo le demandó la redacción de la novela y por qué le dio ese tono entre humorístico y ácido?
Gaitán:
Me tomé unos cuatro años haciendo la novela, y durante mucho tiempo mantuve el trabajo en secreto. Luego le pedí a algunos amigos de otros países que la revisaran: a Jimmy García de Colombia y a otras personas de Costa Rica, México y Perú. Y me decían que se veía una crítica muy dura, pero que no estaba lejos de lo que ocurría en sus países.

Lo que yo siempre respondo a eso es que no puedo hacer 'crítica blanda' porque sería un elogio. Además, cuando uno hace crítica dura la gente al final termina riéndose. El único que no se ríe es el que la recibe. Pero no se trata de que yo odie a las personas que critico en el libro: al contrario, la mayoría hasta me caen bien y somos amigos. El tono ácido me pareció lo más adecuado por las circunstancias.

RW: El personaje de Guayaradio es de la sierra, pero llega a sacudir las estructuras radiales de la principal ciudad costeña, ¿eso no causó molestia entre los guayaquileños?
Gaitán:
A ver... más bien el hecho de que yo sea colombiano le ha causado resquemor a mucha gente. Porque los mejores locutores de Guayaquil fueron de la sierra. Existe una 'escuela serrana' aquí: ha habido mucha gente de la sierra que ha venido a Guayaquil con el propósito de hacer radio y ha triunfado. Mientras que los costeños no han logrado triunfar en la sierra.

Eso en cuanto a la locución, porque cuando se trata de periodistas sí tienden a ser más locales, más cercanos a la idiosincrasia de su región.

RW: ¿Nota usted algún cambio favorable en la radiodifusión ecuatoriana, a pesar del pobre escenario que pinta la novela?
Gaitán:
Sí he visto una tendencia de mejoría, un poquito, a nivel de las emisoras de FM. Y el cambio es sobre todo en Quito: por lo menos las ocho o 10 primeras emisoras han tratado de soltarse del tema de la lectura de periódicos y tratan de opinar mucho. Pero en cuanto a la instalación de salas de redacción o a crear sistemas de noticias las 24 horas, ahí sí me siento muy frustrado porque no lo han logrado.

Singular suceso de 'Guayaradio' Aún sin contar con canales de distribución industriales, Guayaradio prácticamente agotó su primera edición de 5.000 ejemplares en un mes.

La novela, editada por la Universidad Católica de Cuenca, logró un singular suceso entre estudiantes y profesionales de la comunicación, el marketing y el derecho; pero también entre ciudadanos comunes ávidos de conocer los entretelones del medio radial. "Yo no me esperaba que se fuera a agotar tan rápido, pero la verdad es que parece ser que sí puede trascender más allá de la simple radio", dijo Gaitán.

El entrevistado destacó asimismo el apoyo recibido por parte de Jorge Enrique Zúñiga, su corrector de estilo, y de Enrique Pozo Cabrera, decano de la Facultad de Derecho de la Universidad Católica de Cuenca, para que su obra viera la luz.

"Extrañé mucho no poder agradecerle a un amigo que falleció, Alberto Fortuny, de la empresa Ecuatronix, quien equipó a casi todas las emisoras del país y me dio mucha información", concluyó. Por ejemplo, en la UNP (NdeR: Unión Nacional de Periodistas) hace dos años impartimos un seminario sobre cómo montar un sistema de noticias las 24 horas. Mientras yo presentaba el software que se utiliza para eso, los amigos de Radio Colón se dieron cuenta de que lo tenían instalado dentro del computador y no sabían cómo utilizarlo. Y eso a pesar de que esa emisora se presenta como un sistema de 24 horas de noticias, pero lo hacen sin ninguna estructura ni inversión.

En ese ánimo de corregir que mencionaba al principio, el último capítulo del libro muestra cómo podría ser una emisora de ese tipo, sobre la base de la ficción pero desde una realidad.

Pienso que ese cambio va a darse con el tiempo, aunque no creo que demore mucho. Calculo que este año vamos a ver algún sistema de noticias.

De pronto la ley de comunicación, si es aprobada y según cómo quede, obligará a que todos los medios tengan que profesionalizar a su gente. Y también el hecho de que ahora la radio llega a los celulares, a los computadores, a todas partes, y no se puede seguir haciendo lo mismo de hace 30 ó 40 años.

RW: Los desmanejos en la concesión de licencias atraviesan su novela y la realidad mediática ecuatoriana, ¿cuáles son los aspectos más negativos que usted aprecia en este tema?
Gaitán:
Ese es un problema estructural demasiado grave, que no está desligado de la politización del periodismo.

Cuando se habla de cómo se entregaron las frecuencias, se olvida frecuentemente que aquí los periodistas defienden intereses políticos y eso está mal. Por ejemplo, Paco Velasco (NdeR: Periodista de radio La Luna, de Quito, actualmente parlamentario por el oficialismo), que es asambleísta, hace un programa de radio por las mañanas, critica a todo el mundo, no permite que le critiquen y dice sin ningún pudor que él no ve ningún conflicto de intereses en eso.

Y aquí en Guayaquil, cada radio defiende a un partido político. Pero esa es una tendencia que también existe en otros países, como Estados Unidos, que tiene una radio de derecha horriblemente racista que sin embargo es un fenómeno de audiencia. Ahí es donde choca el mercado con la academia.

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